No se si cabe decir este tipo de cosas (es como antinatural, un padre cria a un hijo y por eso el se puede sentir orgulloso, no al reves) pero me siento orgulloso de mi viejo, de como es, quien es y en lo que se ha transformado.
Ojo, hay un poco de vanidad ahi por que indirectamente, creo, tuve algo que ver con esto. La razon de mi orgullo es que mi viejo escribe. Si, el tambien tiene su blog pero de una forma mas tradicional y con una publicación menos accesible que la de internet, el escribe para él y para los que tiene cerca, sus hijos e hijas y sus amigos.
Ahora, no es que sea mi viejo, pero escribe como la san puta. Me gusta y me emociona lo que el escribe, tiene unos ribetes, unos cambios de clima que son sorprendentes para mi.
Esto que les pego es lo último que hizo y me gustó tanto que le pedí permiso para publicarlo en el blog. Me dió el sí, espero que les guste como a mi.
UNO DE MIS AMIGOS.....Y ELLA
Cuando conocí a ese amigo, él tenía 14 años y yo 13. Pero él era alto, buen mozo, usaba pantalones largos y sacos sport de tweed,...........y fumaba.
Nos conocimos a través de la hermandad de la Escuela Industrial, forjada en Ayacucho y Pellegrini y el taller de herrería y fundición, y pronto nos hicimos amigos. Teníamos muchas cosas en común, y algunas que nos diferenciaban; el vivía en Córdoba y Dorrego en un edificio afrancesado y yo en Chacabuco y Pasco en una casita de planta baja bien de tano laburante, el viejo de él era médico y el mío carniza. Lo que nos unía era que ambos estábamos orgullosos de lo nuestro, y respetábamos al otro. También nos unía nuestro común gusto por el francés, los autos europeos y las piernas de la profesora de castellano.
El tiempo fue pasando, y nos instalamos en la Buena Medida, en la época en que eso era un refugio de petiteros, intelectuales, chicas bien del interior que gastaban la plata de sus papás chacareros, una familia de vendedores de autos usados y alguna que otra persona normal que tomaba un café de paso, y algún que otro gil que la miraba de afuera y quería entrar.
Allí comenzó el calvario de mi amigo, y yo fui parte del armado de ese calvario. Allí conoció a la mujer equivocada, a la que le causó su primer y mayor dolor; y yo se la presenté.
Ella era hermosa, de una belleza poco convencional; tenía los ojos verdes ( como las hurís del Profeta ) una boca prometedora, la tez era oscura y brillante, el largo pelo negro atado en la nuca Una casi constante sonrisa, algo dulce, algo triste, algo cruel adornaba su rostro, y era la perdición de cuanto tipo la conociera y la causa del odio de cuanta mujer de cualquier edad se cruzara con ella.
Aunque un aura de cierta tristeza la rodeaba, y a veces sus ojos se empañaban, como recordando un dolor, una herida, o avizorando un feo presagio.
Para todos, verla era volverse loco, hablar con ella un rato era ser cautivado por todas las sirenas de Ulises; salir a tomar un café con ella era perder para siempre la calma y la cordura.
A esta altura, debo aclarar que siempre fue mi muy querida amiga, y por una extraña magia que me protegió, no me enamoré de ella, y por supuesto ella veía en mí su amigo y confidente.
Atrajo y sedujo a muchos, pero nada le duraba, ni nada la atraía lo suficiente. Encantaba a los tipos, ella se enamoraba unos días y luego sus ojos miraban para otro lado. El gil quedaba trastornado para siempre , y ella buscaba otros horizontes.
Entonces se produjo lo esperado; un dia la llevé a la Buena Medida, mi amigo la vió, se le empañaron los lentes, y quiso conocerla. Los presenté y ella puso en acción todos sus encantos ( esa noche tenía un vestido negro sin mangas, algo corto, algo apretado, pero discreto, o casi )
Al pobre tipo le explotó un flash de magnesio en la cabeza, ella lo vió ( veía por detrás de uno ) y redobló su apuesta de seducción limitada.
Empezaron a salir ; él se volvió loco, se idiotizó, y pasado un tiempo ella con su mejor cara y pose de esfinge, cortó los lazos y buscó otros rumbos. Se fue al sur, como muchos “ raros” de esa época, buscando liberarse de sus fantasmas, vaya a saber que pasaba atrás de sus ojos de cielo.
Mi amigo anduvo durante un tiempo vagando sin rumbo, tomando vino solo en “ El Indio “ , escondiéndose de los amigos para que no viéramos su tristeza y a veces volviendo a su pose de niño bien.
Un día, el conoció a una de esas chicas de buena familia del interior que recién caía a “ La Buena “, empezaron a salir, y se formalizó el noviazgo.
Al tiempo, vuelvo a entrar yo en la historia.
Una mañana mi amiga volvió del Sur, pero en un ataúd de madera de pino; se había ahogado.
Fue mi primer gran dolor, mi primer gran enojo con la vida, con Dios, con todo. Mi mundo se rajó, se trazó un antes y un después; se terminó el mundo de caramelo, y se inició el mundo de la realidad, del dolor, del sufrimiento, del aprendizaje.
Destaparon el ataúd, y volví a verla; ya no había ojos de cielo, ni sonrisa esbozada, ni negro pelo, ni tez olivácea, ni cuerpo prometedor. Sólo muerte y desvastación. En mi dolor y mi llanto y mi rebeldía; comencé a experimentar en la comprensión de lo transitorio de la belleza humana.
Y lo agradezco, esa primera lección me sirvió para lo que vendría después, y para lo que tal vez falte venir.